Por Victoria Carrasco Sánchez
Vivimos actualmente tan ensimismados en nuestras labores cotidianas que casi nunca volteamos a ver el impacto que tienen todas nuestras actividades en el mundo que nos rodea. Pero lamentablemente resulta que, para que nuestra sociedad “haya evolucionado” como la conocemos hoy en día, el ser humano ha tenido que pasar por muchas vicisitudes para moldear su entorno e innovar con el uso de los elementos que tiene a la mano para así “crear” un ambiente agradable a su propia conveniencia o yendo más allá, conforme a sus caprichos o lo que se le pueda imaginar.
A lo largo de la historia de la humanidad, se ha ensalzado la portentosidad de las grandes construcciones que demuestran la inteligencia y el alcance que tiene la aplicación de la ciencia y la tecnología que se ha desarrollado con el transcurso del tiempo: se ha podido desviar ríos, se han ahuecado montañas, se ha perforado el fondo del océano, se han levantado enormes construcciones de miles de metros de altura…
Pero todos los logros que ha alcanzado el ser humano, aunque es grandioso y digno para celebrar, ha tenido un terrible costo: la destrucción de la naturaleza, de innumerables especies animales y vegetales.
Y es que el informe bianual del Índice de Planeta Vivo 2018 (Living Planet Índex LPI por sus siglas en inglés), donde se manifiesta el estado de salud que tiene nuestro planeta, incluyéndose en este, como se encuentra la biodiversidad, ecosistemas, vida silvestre y recursos naturales; y cuya elaboración depende de la WWF, la organización de Vida Salvaje Animal (WORLD WILD LIFE, por sus siglas en inglés), publicó en su reporte de 2018, lo siguiente:
“[…]Estamos empujando nuestro planeta al borde. La actividad humana, cómo nos alimentamos y financiamos nuestras vidas, está teniendo un costo sin precedentes en la vida silvestre, los lugares silvestres y los recursos naturales que necesitamos para sobrevivir.
En promedio, hemos visto una sorprendente disminución del 60% en el tamaño de las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios en poco más de 40 años, según el Informe.
Las principales amenazas para las especies identificadas en el informe dan un enlace directo a las actividades humanas, incluida la pérdida y degradación del hábitat y el uso excesivo de la vida silvestre, como la pesca excesiva y la caza excesiva.
El informe presenta una imagen aleccionadora del impacto que tiene la actividad humana en la vida silvestre, los bosques, los océanos, los ríos y el clima del mundo. Estamos ante una ventana de cierre rápido para la acción y la urgente necesidad de que todos, todos, reconsideremos y redefinamos colectivamente cómo valoramos, protegemos y restauramos la naturaleza.
-Este informe parece una advertencia-, dijo Carter Roberts, presidente y CEO de WWF-US. “Los sistemas naturales esenciales para nuestra supervivencia (bosques, océanos y ríos) continúan en declive. La vida silvestre en todo el mundo continúa disminuyendo. Nos recuerda que tenemos que cambiar de rumbo. Es hora de equilibrar nuestro consumo con las necesidades de la naturaleza y de proteger el único planeta que es nuestro hogar. "1
Este informe también advierte que la biodiversidad del mundo está decayendo a un paso alarmante:
“Los tamaños de población de las especies de vertebrados medidos se han reducido en más de la mitad en poco más de 40 años. El LPI, que mide las tendencias en miles de poblaciones de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces en todo el mundo, muestra una disminución del 58% entre 1970 y 2012. Si las tendencias actuales continúan, la disminución podría alcanzar dos tercios para 2020. El LPI 2016 se basa en registros del tamaño de la población a lo largo del tiempo para: 4.658 poblaciones monitoreadas de 1.678 especies terrestres. 3,324 poblaciones monitoreadas de 881 especies de agua dulce. 6.170 poblaciones monitoreadas de 1.353 especies marinas.2
Toda esta desalentadora información nos debe llevar a reflexionar que parece que los seres humanos nos empeñamos en destruirnos, de llevarnos a nuestra propia aniquilación a través de la fuente que nos da los recursos para sobrevivir: EL PLANETA TIERRA. Ya que contaminamos el agua, el aire y la tierra que necesitamos para nuestra subsistencia. Y por si fuera poco, destruimos el hábitat de otros seres vivos para vivir cómodamente o extraer petroleo que lo único que ocasiona es productos que generan contaminación y polución. Y con todo lo anterior, podemos reflexionar y deducir que somos un ser vivo autodestructivo, inconsciente de su verdadera labor en el planeta que es la de convivir y crear espacios armónicos para todos.
Afortunadamente, la madre naturaleza, en su gran sabiduría, crea excepcionalidades asombrosas como la de una tortuga de más de 100 años de edad y que pesa unos 80 kilos y mide 1,5 metros de longitud, llamada “Diego”, perteneciente a la especie Chelonoidis hoodensis (espécimen endémico de la Isla de la Española, que compone el archipiélago de las islas Galápago), que pudo salvar a toda su especie teniendo 800 crías en Puerto Ayora, capital de la isla Santa Cruz, en las Galápagos; ya que en el año 2016, “Diego” fue seleccionado, y trasladado a un centro de reproducción de la isla Santa Cruz junto a otros dos especímenes, pero al ser “Diego” el macho dominante, logró ser el progenitor del 40% de las nuevas crías y con ello esta especie se ha salvado de la extinción.
La naturaleza, hace su labor, se esfuerza titánicamente para que la vida continúe; es preciso que todos comencemos a responsabilizarnos de nuestras acciones, de la huella de contaminación que dejamos y que hagamos un gran esfuerzo para revertir todo el caos y el exterminio que estamos produciendo.
Infografía:
Información tomada de:
1.- https://www.wwf.org.uk/sites/default/files/2018-10/wwfintl_livingplanet_full.pdf
2.- https://www.worldwildlife.org/pages/living-planet-report-2018
Categorías:Nacional

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