Por Victoria Carrasco Sánchez
En la antigüedad, los animales eran respetados y venerados como representantes de diferentes deidades o atributos divinos de la naturaleza; por ejemplo, el oso era considerado un animal sagrado en diferentes culturas.
Para los pueblos nativos americanos, las pieles del oso se utilizaban a menudo para protegerse del frío en forma de abrigos y mantas, sus garras fueron utilizadas para la fabricación de joyas y collares y sus cabezas se usaban como máscaras para el Chamán. Y si buscamos en la antigua cultura griega y romana, podremos encontrar el culto del oso en los ritos a Artemisa, diosa griega de la cacería.
En Europa del Norte, los mitos escandinavos representan al dios Odín con un oso y los berserkers, grandes guerreros vikingos, eran reconocidos por ir vestidos únicamente con pieles de oso; además los bersekers llevaban imponentes máscaras de oso para demostrar máxima ferocidad en la batalla; incluso, el oso también representaba en numerosas ocasiones a una de las máximas deidades guerreras de la mitología escandinava vikinga: al dios Thor.
Con los celtas, el oso representaba el valor de los guerreros y a la diosa celta Berna, y además, se considera un animal relacionado con la luna.
Con todo lo anteriormente expuesto, podemos darnos cuenta que en la antigüedad se apreciaban a los animales no por lo que el ser humano tomaba de ellos materialmente, sino porque se les consideraba una relación intrínseca con la naturaleza, y por ende, con la divinidad universal.
Lamentablemente, en nuestra época contemporánea, la humanidad se ha desvinculado completamente con la naturaleza y le hemos perdido completamente el respeto.
Como lo podemos constatar con la noticia que se viralizó en este mes de junio, cuando las redes sociales estallaron al saberse que una pequeña cría de oso negro, de entre 2 a 3 años de edad y que vagaba cerca del lago en Scogins Valley Park, a 34 millas al oeste de Portland; fue sacrificado por el Departamento de pesca y vida silvestre del Estado de Oregon en Estados Unidos.
Las autoridades argumentaron que había tomado esta decisión debido a que el osito había sido alimentado por los visitantes del lugar e incluso ya se había acostumbrado a sacarse “selfies” con ellos a cambio de comida y que esto, aunque era muy tierno en estos momentos, representaba un riesgo para las personas, cuando este osezno creciera.
Resulta terrible ver que en la actualidad, la naturaleza nos estorba y las autoridades, en este caso las estadounidenses, prefieren “eliminar” un potencial problema, en este caso matando al pequeño osito, por el hecho de que cuando creciera podría lastimar o matar a alguien; pero, lamentablemente, los seres humanos somos los que matamos y destruimos, sin detenernos a pensar que la naturaleza es la que nos provee y nos da vida.
Algo similar sucedió en Rusia, en la región de Norilsk, cuando también se hizo viral que un joven osa, circundaba por aquella región buscando alimento entre la basura (el alimento que los seres humanos hemos terminado por la constante contaminación que provoca el calentamiento global); la famélica osa se veía famélica y agotada, ya que se calcula que recorrió aproximadamente 800 kilómetros hasta llegar a la zona industrial de Talmaj, además de presentar una fuerte diarrea, ya que se enfermó al comer la basura y alimentos descompuestos. Afortunadamente, las autoridades rusas, la llevaron al zoológico en Krasnoyarsk en Siberia, para que se restablezca y luego dejarla nuevamente en libertad.
Y aunque este último caso tuvo un final feliz, la pregunta que debemos hacernos es, cuantos animales más van a morir por nuestra negligencia, por la terrible contaminación que generamos; debemos recordar como las antiguas culturas sabían, que todos somos parte de la naturaleza, que nadie es más valioso que otro ser, ya que todos estamos interconectados.
Desde mi punto de vista, los seres humanos debemos apoyar a los animales, regresándoles su hábitat y si esto no es posible, debemos respetar su derecho a alimentarse y aprender a convivir con ellos; ya que incluso, se pueden hacer depósitos de alimento apropiado para las especies a las que les hemos arrebatado su alimento natural, que esté limpio y en buenas condiciones, y donde estas especies se acostumbren a ir cuando no encuentren su natural fuente de alimentación.
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