Rebeca Marín
La pérdida de poder político y económico tras los resultados de las elecciones intermedias del domingo, en las que Morena y sus aliados perdieron su mayoría de dos terceras partes en la Cámara de Diputados, también podría llevar al presidente a negociar más con otras fuerzas.
“(El resultado de la elección) va a obligar a Morena a negociar más”, afirmó Adrián de la Garza, economista en jefe y director de estudios económicos de Citibanamex. “Una reforma fiscal siempre es políticamente costosa, eso implica que muy posiblemente veremos una reforma menos ambiciosa”, agregó.
Algunas de las ideas más radicales para aumentar la recaudación fueron un impuesto a la herencia o al patrimonio, pero éstas podrían desaparecer porque su principal promotor, el legislador de Morena Alfonso Ramírez Cuéllar, perdió en las urnas en su intento de reelección, dijo De la Garza.
Y a pesar de que Morena y sus aliados tienen la mayoría necesaria para aprobar reformas fiscales, que sólo requieren el 50% más un voto en ambas Cámaras del Congreso, la inclinación de López Obrador por la austeridad, que fue clara incluso cuando en la pandemia era necesario aumentar el gasto, es otro factor que podría alejarlo de impulsar una reforma de gran alcance.
El presidente nombró ayer miércoles al actual secretario de Hacienda, Arturo Herrera, como relevo a gobernador del Banco de México y designó a un asesor de larga data para dirigir la Secretaría. No se espera que los cambios modifiquen el enfoque del mandatario de hallar fondos por la vía de recortes al gasto en lugar de aumentar la deuda o crear nuevos impuestos.
“No se están considerando aumentos de impuestos” y no son necesarios en este momento en México, detalló Yorio.
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