Coordenadas Políticas/Martín Aguilar/La partidocracia, un mal de muchos

Poniéndose a pensar un poco, parecería que el lenguaje político a ratos se muestra corrompido y entre muchos de los defectos que presenta es que al sistema vigente pretenden llamarle democracia, cuando los observadores estiman que lo que en verdad se sufre es una partidocracia.

La gente dice una cosa, pero los hechos –haciendo honor al título de esta columna- lo que muestran es otra muy diferente.

Por ejemplo, este asunto de la representación partidista equilibrada, no sería otra cosa que el reparto más o menos parejo de un botín. Le gente se preguntaría cuál es el derecho que asiste a los partidos más débiles para que se les dé una rebanada del pastel. Y la repuesta de los partiditos sería que si el partidazo se queda con la mayor parte de los puestos públicos y los correspondientes presupuestos, cuando menos debe “mocharse” con sus compañeros de faena.

Entonces, esto no es de verdad una democracia, sino una partidocracia, porque en la práctica, es a los partidos a los que se debe tomar en cuenta y no a la voluntad estricta de los votantes.

La llamada representación proporcional sería otra de las manifestaciones de esta manera de “gobernar”.

Estas consideraciones que estamos haciendo bien podrían comprobarse en la situación política actual del país, cuando el Partido Morena consiguió mayoría de votos en prácticamente todos los campos, y en consecuencia tendrá una gran mayoría en las cámaras legislativas. Lo que ha hecho que la oposición ponga el grito en el cielo, escandalizándose de lo que ellos consideran una “sobre-representación”. Cosas del lenguaje político y de los intereses en juego.

La partidocracia exige que haya un “equilibrio”, y éste en el fondo, no sería más que el nombre que ellos dan a lo que realmente es una división. O a la distribución entre los partidos, de puestos estratégicos y bien pagados.

Ahora bien, las personas de pensamiento honesto recuerdan los valores originales de nuestro sistema de gobierno, reafirmando la idea de que la unidad es uno de los principales valores de la historia, de la sociedad.

Siendo esto así, las cosas estarían bien si nos gobernara un solo partido, siempre y cuando fuera el que representara las necesidades y objetivos principales de la población. Un pueblo unido y un partido fuerte, identificado con sus ideales, trabajaría mejor que uno que tenga que estar peleando con los demás. En la época post-revolucionaria, el PRI funcionó como algo parecido a esto que decimos en este párrafo.

Estar unidos en todos los aspectos sería lo mejor que nos podría pasar.

Porque por estas fechas, mucha gente piensa que los políticos andan como perros y gatos. Claro que no es para tanto; no hay que calificarlo así. Aunque a veces parece que quién sabe.



Categorías:Nacional

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