Martín Aguilar
Macabro hallazgo masivo en lagunas de Chalco: más de 300 fragmentos óseos fueron encontrados en zona usada como tiraderos de cuerpos.
En una zona olvidada entre los límites del Estado de México y la Ciudad de México, en el perímetro de Chalco y El Xico, las llamadas lagunas de La Habana volvieron a escupir muerte.
Durante una jornada de búsqueda realizada del 7 al 10 de marzo, colectivos de familiares de personas desaparecidas localizaron al menos 219 fragmentos de restos óseos humanos dispersos entre el lodo, agua turbia y montículos de tierra. El hallazgo, crudo y devastador, fue el resultado de días de rastreo en un terreno hostil, profundo y contaminado, donde la descomposición y el abandono parecen ser parte del paisaje.
La búsqueda, encabezada por los colectivos Una Luz en el Camino, Hasta Encontrarles y Mariposas, dejó al descubierto un patrón que hiela la sangre: restos fragmentados que, de acuerdo con los primeros indicios, podrían pertenecer a dos o más personas. Tan solo el martes se localizaron 49 fragmentos, entre huesos y piezas dentales; el miércoles, 29 más; el jueves, 51; y el viernes, la cifra se disparó con 90 restos adicionales. Cada fragmento recuperado fue un recordatorio brutal de la violencia que ha marcado ese punto, convertido en un silencioso tiradero de cuerpos.
Lejos de terminar, la pesadilla continuó. Este 11 de abril, durante una nueva incursión en la zona, se sumaron 106 fragmentos óseos más, lo que incrementó la magnitud del hallazgo y confirmó que el terreno guarda aún más secretos bajo sus aguas tratadas y su fango espeso. La búsqueda no se detendrá: los colectivos anunciaron que regresarán para continuar removiendo la tierra y la memoria.
Estas labores fueron en coordinación y acompañamiento de la Comisión de Búsqueda de la Ciudad de México y del Estado de México, así como ambas Fiscalías, elementos de bomberos, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, ERUM, CORENADR, agrupamiento Zorros y personal de la Marina. Sin embargo, fueron las familias, armadas con picos, varillas, palas y la desesperación, quienes guiaron gran parte de los hallazgos.
El sitio no es nuevo para el horror. De acuerdo con testimonios de integrantes de los colectivos, el año pasado, en ese mismo lugar, fue localizado el cuerpo de una mujer, aparentemente identificado por las prendas halladas cerca. Aquel descubrimiento ocurrió durante la búsqueda de los gemelos Nicolás Ramírez, lo que desde entonces convirtió a la laguna en un punto de interés para quienes buscan a sus desaparecidos.
Las condiciones del terreno han complicado cada paso: la profundidad, el agua tratada, la presencia de animales de pastoreo y las lluvias recientes, las cuales han entorpecido las labores, obligando a trabajar en condiciones extremas. Aun así, los colectivos no se detienen.
Frente a este escenario, las organizaciones exigieron a la Comisión de Búsqueda de la Ciudad de México, a la Fiscalía General de Justicia capitalina y al Instituto de Ciencias Forenses una identificación pronta, transparente y digna de los restos, así como acceso total a la información sobre los peritajes. La indignación crece al ritmo de los hallazgos, mientras las familias se enfrentan a la posibilidad de que entre esos fragmentos se encuentren sus seres queridos.
En ese paraje sin luz, sin señal y alejado de la mirada pública, la muerte ha echado raíces y cada fragmento extraído no solo revela un crimen, sino el tamaño de una tragedia que sigue emergiendo, pedazo a pedazo.
Asimismo, dieron a conocer su firme exigencia para que las autoridades de ambas entidades investiguen más a fondo las desapariciones y se dé a conocer si hay más información por el hallazgo de estos más de 200 indicios de restos humanos.
A través de un comunicado dijeron que el pasado martes hallaron 49 restos, para el miércoles fueron 29. En tanto, el jueves descubrieron 51, y para el viernes un total de 90, algo que les causó alerta.
“Reiteramos que todos los procesos de procesamiento, análisis e identificación derivados de esta y de las futuras jornadas deben realizarse con el máximo respeto, en un marco de colaboración efectiva y con la escucha permanente a las familias”, señalaron las madres.
Sin embargo, exigieron la plena y pronta identificación de los restos con total transparencia, así como el acceso oportuno y continuo a la información sobre los avances de los peritajes correspondientes.
“Las familias tenemos derecho a la verdad, a la justicia y a un trato digno. Los buscamos porque los amamos”, mencionaron.
El colectivo Una Luz en el Camino es una de las organizaciones de madres buscadoras más activas y en México. Esta agrupación surge ante la dolorosa realidad de las desapariciones forzadas y la necesidad de las familias de encontrar respuestas que las autoridades, en muchos casos, no logran proporcionar.
llas organizan jornadas para rastrear terrenos, predios y posibles fosas clandestinas utilizando herramientas básicas como picos, palas y varillas. Dicen no detenerse ante nada.
Además, brindan acompañamiento emocional y asesoría legal a familias que acaban de sufrir la desaparición de un ser querido, algo que muchas veces suele causar trauma en las personas.
Categorías:Nacional

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