Martín Aguilar
Las voces de alerta llegaban de todas partes: “Con moches, cualquiera puede obtener una licencia federal para manejar trenes, trailers, tractocamiones y otros vehículos pesados” …
–¿Cualquiera? –se insistía con cierta duda a médicos, gestores, ex funcionarios y operadores del autotransporte, a quienes se iba conociendo en el camino. “Hasta tuertos, adictos y desequilibrados mentales pueden sacarla, por eso tantos accidentes”, fue una de las respuestas más taladrantes, y móvil de esta investigación.
La hebra periodística comenzó a jalarse tras lo ocurrido el 28 de diciembre de 2025, en Oaxaca: el descarrilamiento del Tren Interoceánico -una de las obras insignia de López Obrador-, el cual dejó más de 145 afectados, entre estos 14 muertos. Según la FGR, conductor, maquinista y jefe de despachadores violaron los estándares de seguridad y actuaron con incapacidad: el tren iba a exceso de velocidad y los dos primeros carecían de licencia federal vigente.
Aún resonaba el eco de la tragedia de septiembre de 2025 en el Puente La Concordia de Iztapalapa, cuando volcó y explotó una pipa de gas, con un saldo mayor a 143 víctimas, entre las cuales hubo 32 fallecidas. La Fiscalía de la CDMX también responsabilizó al chofer -quien murió días después-: lo acusó de falta de pericia y de conducir a alta velocidad.
De aceptarse las predecibles versiones oficiales, ¿quién o quiénes permitían dentro de las instituciones o empresas involucradas operar a conductores “incompetentes”, con licencias irregulares?, ¿cuál es el nivel de adiestramiento y capacitación de quienes cuentan con una licencia federal para el transporte terrestre o aspiran al documento?, ¿hay constancia de su óptimo estado físico y emocional, indispensable para transitar de forma segura por las vías generales de comunicación del país?
Mordidas. Frente a numerosos testimonios de licencias tramitadas en la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) sin cumplir los requisitos marcados en la ley, y con la simple repartición de mordidas, este reportero decidió comprobarlo de manera directa.
¿Podía un periodista, con evidentes limitaciones en la maniobra de autos compactos, conseguir una licencia para conducir camiones, pipas y unidades de carga pesada?, ¿era posible hacerlo sin someterse a revisiones médicas y psicológicas y sin aprobar la capacitación obligatoria?
La respuesta fue: sí. Sin ningún control ni supervisión, mediante un trámite realizado desde el asiento de una redacción, la SICT aprobó y emitió la licencia federal tipo B, de carga, con el número LFD01240125, a nombre de Daniel Blancas Madrigal, por un periodo de cuatro años: desde el 20 de marzo de 2026 hasta el 20 de marzo de 2030.
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