Martín Aguilar
En medio del duelo que dejó el feminicidio de Edith Guadalupe, su familia reapareció públicamente para cerrar filas en torno a la versión de la Fiscalía y frenar lo que consideran una ola de desinformación, oportunismo y narrativas falsas que han contaminado el caso desde que se confirmó su muerte.
Edith fue reportada como desaparecida el pasado 15 de abril y dos días después, el 17, su cuerpo fue localizado sin vida. La brutalidad del crimen encendió la indignación social y colocó el caso en el centro de la atención mediática. Sin embargo, conforme avanzaron las investigaciones, también comenzaron a circular versiones encontradas, señalamientos y teorías que, según la familia, han distorsionado la verdad.
A través de un posicionamiento encabezado por Alma, la tía de Edith, los familiares fueron contundentes: no tienen dudas sobre la responsabilidad del hombre que ya fue vinculado a proceso como responsable del feminicidio. Aseguraron que existen pruebas contundentes dentro de la carpeta de investigación que sostienen la teoría de la autoridad.
Incluso, afirmaron que dichos elementos han sido revisados por expertos independientes, lo que les da certeza de que no se trata de un culpable fabricado.
“La Fiscalía no está creando un culpable de fantasía”, sostuvieron, al tiempo que defendieron que las diligencias se están llevando a cabo bajo los principios de legalidad y debida investigación.
No obstante, la familia reconoció que durante las primeras horas tras la desaparición hubo omisiones graves por parte de autoridades, lo que pudo haber afectado la localización oportuna de Edith. Estas fallas, señalaron, ya tuvieron consecuencias: un agente de la Policía de Investigación, otro elemento policial y un Ministerio Público fueron separados de sus cargos por su actuación irregular.
En ese mismo sentido, desmintieron versiones que señalaban al fiscal de desaparecidos como responsable de un intento de extorsión, aclarando que ese hecho fue atribuido a un agente ya destituido. Para la familia, este tipo de información errónea ha generado confusión y ha desviado la atención de lo verdaderamente importante: el acceso a la justicia.
Pero el mensaje más duro estuvo dirigido a quienes, aseguran, han intentado lucrar con el caso. Denunciaron la presencia de “actores infiltrados” que buscan beneficios personales a partir del dolor ajeno, así como la difusión de contenido en redes sociales y materiales digitales que, lejos de aportar, revictimizan a Edith y a sus seres queridos.
También se deslindaron de cualquier marcha o movilización convocada en nombre de la joven y dejaron claro que la familia no está solicitando apoyo económico.
“Lucrar con el dolor ajeno también es un delito”, advirtieron, en un llamado directo a frenar el uso mediático del caso.
A los medios de comunicación, aunque agradecieron la difusión inicial para la búsqueda, les pidieron respeto y prudencia. Solicitaron que se deje de insistir en entrevistas o cuestionamientos y que se les permita atravesar este proceso en privado, lejos del morbo y la exposición constante.
Devastados, pero firmes, los familiares insistieron en que su única exigencia es justicia basada en la verdad, sin protagonismos ni distorsiones. Advirtieron que no permitirán que el feminicidio de Edith Guadalupe se convierta en un espectáculo ni en una herramienta para intereses ajenos, mientras ellos intentan reconstruirse tras una pérdida irreparable.
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