Alberto Moreno
Valle de México-. Lo que comenzó como un operativo exitoso de la Guardia Municipal para detener a presuntos integrantes de una célula delictiva terminó convertido en una controversia que hoy genera cuestionamientos sobre la actuación de algunos elementos policiacos, luego de que un periodista denunciara haber sido golpeado y despojado de su equipo mientras realizaba la cobertura de los hechos.
De acuerdo con el reporte oficial del Gobierno de Naucalpan, la movilización se originó tras el robo con violencia de un vehículo. La rápida respuesta de la Guardia Municipal permitió ubicar la unidad e iniciar una persecución que derivó en un enfrentamiento armado, cuando los probables responsables dispararon contra los policías.
Como resultado del operativo fueron detenidos dos hombres y una mujer, presuntamente relacionados con delitos de robo de vehículo y robo a cuentahabiente; además, uno de los agresores murió durante el intercambio de disparos. En el lugar también fueron aseguradas dos armas de fuego, el vehículo robado y otra unidad presuntamente utilizada por el grupo delictivo. Una ciudadana resultó herida por un proyectil de arma de fuego y un mando policial recibió impactos en su chaleco balístico, sin sufrir lesiones de gravedad.
Hasta ese momento, la actuación de los elementos municipales había sido reconocida por las autoridades como una intervención de riesgo que permitió neutralizar una agresión armada y detener a presuntos delincuentes.
Sin embargo, horas después el foco de atención cambió.
El reportero Miguel Sarmiento, de Canal 6 Televisión (Telediario), denunció públicamente que él y su camarógrafo fueron agredidos por policías municipales mientras documentaban el operativo.
De acuerdo con el periodista, varios uniformados lo sometieron físicamente, lo golpearon, destruyeron el micrófono utilizado para la cobertura y le arrebataron el teléfono celular con el que grababa imágenes de los hechos. Incluso aseguró que intentaron subirlo por la fuerza a una patrulla.
Los policías argumentaron que el comunicador había ingresado al perímetro de seguridad; sin embargo, Sarmiento sostuvo que al momento de la agresión la zona aún no estaba claramente acordonada y que únicamente realizaba su trabajo como integrante de un medio de comunicación.
La denuncia, realizada durante una transmisión en vivo, provocó indignación al tratarse de un presunto ataque contra un periodista en el ejercicio de su profesión, un tema especialmente sensible en un país donde la libertad de prensa continúa enfrentando múltiples desafíos y donde los comunicadores desempeñan una labor esencial para documentar hechos de interés público.
Paradójicamente, una intervención policial que pudo haber sido recordada por la captura de presuntos delincuentes terminó opacada por las acusaciones de abuso contra quienes acudieron a informar a la ciudadanía.
El propio Gobierno de Naucalpan informó que los hechos relacionados con la actuación de los elementos serán revisados por la Policía de Ética y Asuntos Internos, mientras que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México mantiene las investigaciones para esclarecer lo ocurrido y determinar las responsabilidades correspondientes.
La eficacia en el combate a la delincuencia y el respeto a la libertad de prensa no son principios incompatibles. Por el contrario, ambos deben coexistir en una sociedad democrática, donde el trabajo de las corporaciones de seguridad y el de los periodistas tienen un mismo objetivo: servir y proteger el derecho de la ciudadanía a vivir informada y en un entorno seguro.
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