Rebeca Marín
Afecta a millones de personas y, aun así, buena parte de lo que significa vivir con migraña permanece invisible. No solo porque el dolor no se ve, sino porque muchas veces ocurre mientras la vida continúa. Hay que trabajar, manejar, cuidar a alguien, cumplir pendientes o simplemente llegar al final del día.
Y es precisamente en esa rutina donde pueden aparecer algunos de sus detonadores. El estrés, las luces brillantes, los ruidos fuertes, pasar muchas horas sin comer, la deshidratación o dormir poco pueden desencadenar episodios en algunas personas. Un trayecto entre tráfico y ruido, una jornada intensa de trabajo o una noche de poco descanso pueden parecer situaciones completamente cotidianas, pero también convertirse en pistas para entender por qué el dolor aparece o se repite.
En México, alrededor del 15% de la población vive con migraña. Además, el padecimiento afecta de manera desproporcionada a las mujeres. Datos de la Secretaría de Salud señalan una relación aproximada de tres mujeres por cada hombre, diferencia que se ha relacionado, entre otros factores, con las fluctuaciones hormonales, particularmente del estrógeno.
Sin embargo, reconocer lo que puede detonar un episodio es solo una parte del problema. También importa qué hacemos cuando el dolor aparece. Solo 8% acude con un especialista en neurología, 38% busca atención con un médico internista, general o familiar y 54% se automedica o recurre a remedios caseros, de acuerdo con información de la Secretaría de Salud.
Los números ayudan a explicar una realidad más amplia. Podemos acostumbrarnos tanto a identificar el dolor como parte de nuestra rutina que dejamos de observar qué lo rodea, con qué frecuencia aparece o si algo ha cambiado. Hemos aprendido a vivir con él antes que a preguntarnos por qué se repite.
En el marco del Día de Acción contra la Migraña, que se conmemora cada 12 de septiembre, la fecha abre una oportunidad para mirar más allá del dolor y poner atención en aquello que, por cotidiano, hemos terminado por normalizar.
Cuando el dolor tiene nombre, pero aún no diagnóstico
Un dolor de cabeza puede tener múltiples causas y no todos son migraña. Sin embargo, la falta de diagnóstico también forma parte de esta historia.
Un estudio realizado entre 77,855 mujeres mexicanas encontró una prevalencia de migraña a lo largo de la vida de 19%. Entre quienes cumplían con los criterios para identificarla, apenas 45.1% había recibido previamente un diagnóstico. Es decir, más de la mitad no contaba con uno.
Hablar de autocuidado también implica reconocer cuándo algo que consideramos cotidiano empieza a repetirse con demasiada frecuencia y buscar un diagnóstico y orientación médica adecuados para tomar decisiones informadas sobre nuestra salud.
“En consulta vemos que muchas personas consideran que tienen la migraña bajo control porque han encontrado una forma de aliviar el dolor cuando aparece. Sin embargo, controlar un episodio y controlar la enfermedad no son necesariamente lo mismo. Cuando los ataques se vuelven más frecuentes, cambian de patrón o empiezan a requerir tratamiento con mayor regularidad, es importante evaluarlo. La evolución de la migraña también se mide por lo que ocurre entre un episodio y otro”, señala la Dra. Tania Stephenson, Medical Manager Bayer México.
El impacto que no siempre se ve
La migraña no siempre obliga a detener el día. Muchas personas continúan con sus actividades a pesar de los síntomas. En el ámbito laboral, esto se conoce como presentismo, cuando una persona sigue trabajando, pero lo hace con una capacidad reducida.
Que el dolor no sea visible también puede facilitar que se minimice. Un análisis del estudio OVERCOME realizado en Estados Unidos, con 59,001 personas con migraña activa, encontró que 31.7% experimentaba estigma relacionado con la enfermedad de manera frecuente o muy frecuente. Frases como “es solo un dolor de cabeza” o “seguro es estrés” pueden contribuir a normalizar un padecimiento que afecta la vida cotidiana.
Con el tiempo, incluso quien vive con los episodios puede asumir esa percepción y considerar habitual cancelar planes, evitar ciertos estímulos o simplemente soportar el dolor. No debemos normalizarlo ni acostumbrarnos a vivir con dolor o a reorganizar constantemente nuestra vida alrededor de los episodios de migraña. Prestar atención a cuándo aparecen, qué los rodea y cuáles podrían ser nuestros detonadores puede ayudarnos a conocer mejor el padecimiento y, con orientación adecuada, encontrar mejores formas de atenderlo.
Del alivio al manejo responsable
Aliviar un episodio de migraña es importante. El dolor no tendría que convertirse en algo que simplemente soportamos mientras interfiere con nuestras actividades y calidad de vida. El autocuidado también implica saber qué hacer cuando aparece y contar con opciones adecuadas para aliviarlo.
Existen distintas alternativas y algunas formulaciones combinan un analgésico con cafeína. En estos medicamentos, la cafeína puede actuar como coadyuvante del analgésico y potenciar su efecto para aliviar el dolor. Conocer los principios activos, para qué están indicados y cómo utilizarlos permite tomar decisiones informadas y hacer un uso responsable de los medicamentos.
“Cuando hablamos de una combinación analgésica, es importante entender que cada componente cumple una función dentro de la formulación. En el caso de la cafeína, su presencia no responde únicamente a su efecto estimulante, sino a su papel como coadyuvante del analgésico. Por eso, conocer qué contiene un medicamento y utilizarlo de acuerdo con su indicación también forma parte de un manejo responsable del dolor”, explica la Dra. Stephenson.
Pero el autocuidado no termina cuando el dolor desaparece. También implica observar cómo se comportan los episodios con el tiempo y reconocer cuándo es necesario acudir al médico. La frecuencia, duración e intensidad del dolor, la aparición de otros síntomas o la necesidad de recurrir a medicamentos cada vez con mayor regularidad son señales a las que conviene prestar atención.
La frecuencia es especialmente importante. Cuando el dolor de cabeza aparece 15 o más días al mes durante más de tres meses y, al menos en ocho de esos días, presenta características de migraña, puede tratarse de migraña crónica. El diagnóstico debe realizarlo un profesional de la salud y existen tratamientos que pueden ayudar a reducir la frecuencia de los episodios y establecer una estrategia de manejo adecuada para cada persona.
Llevar un registro puede ser una herramienta útil. Anotar cuándo aparece el dolor, cuánto dura, qué síntomas lo acompañan, qué estaba ocurriendo antes y cuáles podrían ser nuestros detonadores puede ayudar a reconocer patrones y aportar información valiosa durante una consulta médica.
También hay dolores de cabeza que requieren atención médica inmediata. Un dolor súbito y extremadamente intenso, o uno acompañado de fiebre y rigidez de cuello, confusión, convulsiones, visión doble, debilidad, entumecimiento o dificultad para hablar son algunas señales de alarma. También es importante buscar atención ante un dolor de cabeza que aparece después de un golpe en la cabeza.
Quizá valga la pena, entonces, cambiar la pregunta. En lugar de pensar “¿cuánto dolor puedo aguantar?”, comenzar a preguntarnos “¿qué puedo hacer para atenderlo adecuadamente?”.
Porque vivir con migraña no debería significar organizar nuestra vida alrededor del próximo episodio. El dolor merece atención, no resignación.
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