Rebeca Marín
Resolver por separado los desequilibrios de la economía, como la distribución del ingreso, la productividad, la informalidad, entre otros, no es posible, porque se corre el riesgo de generar o agravar otros problemas, consideró Graciela Márquez Colín, presidenta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Al participar en el Foro Económico de la American Chamber of Commerce México (Amcham), subrayó que “la economía no puede fragmentarse”, pues “si resolvemos solo uno de esos desequilibrios vamos a crear otros o a empeorarlos que ya existen”.
Destacó que en la última década lo más relevante ha sido “el reconocimiento de esos desequilibrios”, pues durante mucho tiempo no se consideraba que otros factores también importaban.
Márquez señaló que “hoy tenemos mejores estadísticas de distribución del ingreso y sobre todo de la riqueza” y resaltó la importancia de los trabajos del World Inequality Lab, liderados por Thomas Piketty, que reflejan la necesidad de atender tanto las desigualdades de ingreso como de riqueza.
No obstante, destacó que aún falta contar con mejores estadísticas sobre flujos de capitales y tipos de inversión extranjera, especialmente para diferenciar las que son extensiones de inversiones ya existentes, de las que implican nuevos proyectos. Esta distinción permite entender con mayor claridad el impacto real de la inversión extranjera directa en el país.
En relación con las micro, pequeñas y medianas empresas, Márquez explicó que muchas microempresas corresponden a autoempleo, surgido de la necesidad de generar ingresos inmediatos ante la pérdida de un empleo formal. Destacó que la atención debería dirigirse principalmente a las pequeñas y medianas empresas, en especial a las medianas, pues las grandes representan solo el 0.2 por ciento del total, aunque generan el 75 por ciento del valor agregado. “Entender por qué las medianas no exportan” es, según Márquez, una prioridad.
Mónica Aspe, directora general de AT&T México, advirtió sobre el reto que implica el aumento salarial sin un crecimiento proporcional en la productividad. “El problema no es el incremento del costo laboral por los incrementos salariales. El problema es que estos incrementos no se siguen de incremento de productividad”, señaló. Esta situación podría derivar en pérdida de competitividad y fomentar el crecimiento del sector informal, afectando especialmente a las empresas formales en su cumplimiento fiscal y laboral.
Subrayó la necesidad de que la inversión no solo se mida en términos de anuncios y montos, sino en su capacidad de generar transferencia tecnológica, especialización, capacitación y empleos de calidad. Solo así los incrementos salariales podrán sostenerse sobre bases de mayor productividad, clave en un país que, según la OCDE, ha incrementado su salario mínimo a gran velocidad, pero “seguimos estando en los países menos productivos de la OCDE”.
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