Alberto Moreno
Ciudad de México.— La historia política de México perdió a uno de sus protagonistas más importantes. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano falleció el miércoles 28 de octubre de 2026, a los 92 años, dejando una trayectoria que trascendió los partidos políticos, las contiendas electorales y los cargos públicos para convertirse en una referencia de la transformación democrática del país.
Su nombre quedó ligado a una época en la que cuestionar al partido gobernante desde sus propias filas significaba desafiar una estructura de poder construida durante décadas. Cárdenas no solamente encabezó una ruptura política: contribuyó a demostrar que la oposición podía convertirse en una fuerza capaz de disputar el rumbo de la nación.
Ingeniero de profesión y heredero de una de las figuras más representativas del México posrevolucionario, Cuauhtémoc Cárdenas nació el 1 de mayo de 1934. Fue hijo del expresidente Lázaro Cárdenas del Río, cuya administración quedó marcada por la expropiación petrolera y una profunda reorganización de la vida económica y social del país.
Sin embargo, su trayectoria no se limitó al peso de su apellido. A lo largo de varias décadas construyó una identidad política propia, caracterizada por la defensa de la soberanía nacional, la participación ciudadana y la necesidad de establecer condiciones de competencia electoral más equitativas.
Durante sus primeros años de actividad pública formó parte del Partido Revolucionario Institucional, organización que concentraba buena parte del poder político mexicano. Desde sus filas llegó a ocupar responsabilidades de relevancia, entre ellas el gobierno de Michoacán, entidad que encabezó entre 1980 y 1986.
Fue precisamente durante la década de los ochenta cuando comenzó a tomar forma la decisión que cambiaría su trayectoria y dejaría una huella en la historia nacional.
Junto con otros dirigentes inconformes con el funcionamiento interno del PRI, impulsó la Corriente Democrática, un movimiento que reclamaba mayor apertura en la selección de candidaturas y cuestionaba la concentración de las decisiones políticas.
Aquella inconformidad terminó convirtiéndose en una separación definitiva del partido oficial y dio origen a una de las movilizaciones opositoras más importantes del siglo XX.
En 1988, Cárdenas apareció en las boletas presidenciales como candidato del Frente Democrático Nacional. Su campaña reunió a organizaciones políticas, movimientos sociales y ciudadanos que buscaban una alternativa al sistema dominante.
La elección de ese año quedó marcada por la controversia en torno al conteo de votos y las denuncias de fraude. Más allá del resultado oficial que otorgó la victoria a Carlos Salinas de Gortari, la jornada evidenció la creciente exigencia de transparencia electoral y abrió una etapa de cuestionamientos sobre la legitimidad de los mecanismos de representación política.
Para millones de mexicanos, el movimiento encabezado por Cárdenas significó la posibilidad de imaginar un país en el que la Presidencia pudiera disputarse mediante una competencia auténtica entre distintas fuerzas.
La movilización de 1988 también sentó las bases para la creación del Partido de la Revolución Democrática en 1989. El nuevo instituto político reunió a diversas expresiones de izquierda y se convirtió durante años en uno de los principales espacios de oposición.
Cárdenas buscó nuevamente la Presidencia en 1994 y en 2000. Aunque ninguna de esas candidaturas concluyó con una victoria, su presencia contribuyó a mantener vigente el debate sobre la democratización de las instituciones y el futuro político del país.
Uno de los acontecimientos más significativos de su carrera ocurrió en 1997, cuando ganó la primera elección popular para encabezar el Gobierno del Distrito Federal.
Su triunfo representó un cambio profundo en la vida política de la capital, que hasta entonces había tenido autoridades designadas desde el poder federal. La llegada de un dirigente opositor al gobierno capitalino confirmó que la apertura democrática comenzaba a traducirse en nuevas realidades institucionales.
Con el paso del tiempo, Cárdenas mantuvo diferencias con dirigentes y organizaciones surgidas del movimiento que ayudó a construir. En 2014 abandonó el PRD, pero continuó participando en la discusión pública sobre asuntos nacionales, especialmente en temas energéticos, económicos y democráticos.
Su legado también estuvo acompañado de debates y críticas sobre las decisiones que tomó a lo largo de su carrera. No obstante, su papel en la construcción de una oposición con capacidad de competir electoralmente constituye una parte fundamental de la historia política contemporánea.
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo expresó su pesar y destacó la importancia de Cárdenas en la transformación de la vida pública mexicana, al reconocerlo como un hombre de principios firmes que contribuyó a impulsar el proceso democrático nacional.
Hasta el momento de los primeros reportes sobre su muerte, no se habían dado a conocer oficialmente las causas del fallecimiento.
La desaparición física de Cuauhtémoc Cárdenas ocurre en un México muy distinto al que encontró cuando decidió romper con el partido que había dominado la política nacional durante generaciones.
El sistema electoral, la distribución del poder y la participación de las fuerzas opositoras experimentaron transformaciones profundas desde aquellos años. Aunque esos cambios fueron resultado de múltiples movimientos, instituciones y actores sociales, la participación de Cárdenas ocupó un lugar destacado dentro de ese proceso.
Su historia refleja también las contradicciones de la política mexicana: un dirigente surgido del partido hegemónico que terminó encabezando uno de los mayores desafíos contra ese mismo sistema; un candidato que nunca llegó a la Presidencia, pero cuya influencia alcanzó mucho más allá de los resultados electorales.
Cuauhtémoc Cárdenas no necesitó ocupar la Presidencia de México para dejar una marca en su historia. Su principal aportación fue contribuir a abrir caminos para que el poder pudiera ser cuestionado, disputado y decidido mediante el voto ciudadano.
Con su fallecimiento termina una vida dedicada a la política, pero permanece un capítulo decisivo de la memoria democrática del país: el de una generación que convirtió la exigencia de elecciones libres y competencia política en una causa nacional.
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