Alberto Moreno
Ciudad de México.— La despedida de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano trascendió el ámbito familiar para convertirse en un encuentro de generaciones, corrientes ideológicas y protagonistas de la historia política mexicana. En el Panteón Francés de San Joaquín, dirigentes que alguna vez compartieron sus luchas y otros que estuvieron del lado contrario de sus batallas electorales coincidieron para rendir homenaje al hombre que contribuyó a transformar las reglas de la competencia por el poder en México.
La ceremonia funeraria, realizada el jueves 29 de octubre de 2026, estaba concebida originalmente como un acto privado. Sin embargo, la presencia de numerosas figuras de la vida pública reflejó la dimensión histórica de quien fue gobernador de Michoacán, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), tres veces candidato presidencial y primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal elegido mediante el voto ciudadano.
Más allá de las diferencias partidistas, la jornada estuvo marcada por el reconocimiento a una trayectoria que ayudó a abrir espacios de participación política cuando el Partido Revolucionario Institucional mantenía un amplio dominio sobre las instituciones nacionales.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo acudió personalmente al velatorio para acompañar a la familia Cárdenas. A su llegada, resumió en tres palabras las cualidades que, desde su perspectiva, distinguieron al ingeniero a lo largo de su vida pública: “congruencia, democracia y dignidad”.
Durante aproximadamente 40 minutos, la mandataria permaneció en el recinto funerario, donde montó una guardia de honor junto a Lázaro y Cuauhtémoc Cárdenas Batel, hijos del dirigente fallecido. Posteriormente, conversó con integrantes de la familia y expresó sus condolencias.
La presencia presidencial tuvo un significado especial por la relación histórica entre el movimiento democrático encabezado por Cárdenas en 1988 y las distintas fuerzas políticas que surgieron posteriormente de la izquierda mexicana.
A lo largo del día también acudieron representantes de los poderes públicos, autoridades capitalinas, legisladores, antiguos colaboradores y dirigentes que reconocieron la influencia de Cárdenas en la evolución política del país.
Entre los asistentes estuvieron la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina; el secretario de Economía, Marcelo Ebrard; el coordinador parlamentario Ricardo Monreal; el director del ISSSTE, Martí Batres, y la fiscal general de la República, Ernestina Godoy.
También se dieron cita diversos legisladores y funcionarios vinculados con movimientos políticos de izquierda, así como personas que acompañaron al ingeniero durante distintas etapas de su trayectoria.
El ambiente estuvo marcado por las expresiones de tristeza de quienes mantuvieron una relación personal con Cárdenas. Algunos de sus antiguos colaboradores llegaron visiblemente conmovidos, mientras otros recordaron episodios que compartieron durante las movilizaciones políticas que marcaron las últimas décadas del siglo pasado.
Ernestina Godoy evocó al dirigente como una figura que despertó expectativas de transformación democrática en una época en la que amplios sectores de la población demandaban cambios profundos en las instituciones.
Marcelo Ebrard destacó su importancia como referente histórico de la izquierda mexicana, mientras Martí Batres recordó su oposición a las políticas económicas impulsadas durante la etapa de predominio priista.
Ricardo Monreal, por su parte, vinculó el surgimiento de las fuerzas políticas actuales con los movimientos democráticos que Cárdenas ayudó a consolidar.
Pero uno de los aspectos más significativos de la jornada fue la asistencia de antiguos adversarios políticos, cuya presencia mostró que el reconocimiento a su trayectoria había superado las fronteras de los partidos.
Francisco Labastida Ochoa, candidato presidencial del PRI en las elecciones de 2000, acudió al funeral y sorprendió al expresar que habría preferido una victoria de Cárdenas sobre Vicente Fox en aquella contienda, al considerar que el ingeniero habría realizado una mejor gestión presidencial.
La declaración adquirió especial relevancia por provenir de quien representó al partido que Cárdenas había abandonado años antes para construir una alternativa electoral.
También asistió Jorge de la Vega Domínguez, antiguo dirigente nacional del PRI, cuya trayectoria quedó vinculada con la controvertida elección presidencial de 1988.
En aquella jornada electoral, De la Vega anunció el triunfo de Carlos Salinas de Gortari mientras crecían las denuncias de irregularidades y fraude formuladas por la oposición encabezada por Cárdenas.
Casi cuatro décadas después, su presencia en las exequias representó un encuentro simbólico entre protagonistas de uno de los episodios más discutidos de la historia democrática contemporánea.
El exdirigente priista reconoció la contribución de Cárdenas a la paz, al desarrollo político y a la democratización del país, en una muestra de cómo la perspectiva histórica puede modificar las valoraciones sobre antiguos adversarios.
A la ceremonia acudieron igualmente figuras relacionadas con el Partido Acción Nacional, antiguos integrantes del PRD y representantes del ámbito académico.
Entre ellos estuvieron el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Leonardo Lomelí Vanegas, y el exrector José Narro Robles, además de personas vinculadas con Petróleos Mexicanos, institución cuya historia mantiene una relación directa con el legado del expresidente Lázaro Cárdenas del Río.
La defensa de la soberanía energética fue precisamente una de las causas que Cuauhtémoc Cárdenas sostuvo durante buena parte de su vida, en continuidad con algunos de los principios políticos asociados con la administración de su padre.
También acudieron antiguos militantes perredistas, entre ellos Guadalupe Acosta Naranjo y Graco Ramírez, así como Rosario Robles, quien formó parte de la dirigencia del PRD y de la administración capitalina en los años posteriores al triunfo electoral de 1997.
La diversidad de asistentes reflejó la amplitud de relaciones políticas construidas por el ingeniero, pero también las diferencias y rupturas que acompañaron la evolución de la izquierda mexicana.
Para la familia, el encuentro significó recibir numerosas expresiones de solidaridad y reconocimiento. Lázaro Cárdenas Batel, uno de los primeros en llegar al recinto, agradeció las muestras de afecto dirigidas a su padre.
El carácter privado de la despedida comenzó a transformarse conforme avanzaron las horas y surgieron propuestas para organizar una ceremonia pública que permitiera a la ciudadanía participar en el último adiós.
Entre las alternativas planteadas figuró la realización de un homenaje el 5 de diciembre, fecha de especial significado histórico porque ese día, en 1997, Cuauhtémoc Cárdenas asumió el gobierno de la capital tras ganar la primera elección directa para ese cargo.
Sin embargo, posteriormente se anunció la preparación de una ceremonia de homenaje en el Palacio de Bellas Artes, uno de los recintos culturales más representativos de México y escenario habitual de despedidas a personalidades que han dejado una huella en la vida nacional.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, confirmó la realización del acto durante la inauguración de la ofrenda monumental de Día de Muertos en el Zócalo capitalino, donde invitó a la población a recordar al dirigente y reconocer su contribución a la construcción de una ciudad con mayores derechos y libertades.
De acuerdo con la información difundida, el homenaje público fue programado para el viernes 30 de octubre, con un acto oficial previsto a las 16:00 horas, mientras se preparaba la apertura del recinto para recibir a quienes desearan expresar sus condolencias.
La decisión de organizar esta ceremonia también modificó los planes iniciales relacionados con la cremación de los restos del ingeniero, que había sido contemplada para el mismo día del funeral privado.
La despedida de Cuauhtémoc Cárdenas ocurre en un momento en el que varias generaciones de mexicanos conocen la competencia electoral como una realidad cotidiana, aunque ese escenario fue resultado de décadas de movilización, conflictos políticos y reformas institucionales.
En 1988, cuando encabezó el Frente Democrático Nacional, Cárdenas reunió a sectores de la sociedad que cuestionaban la permanencia del PRI en el poder y exigían mecanismos electorales más transparentes.
Aquella candidatura no le permitió llegar a la Presidencia, pero se convirtió en un punto de inflexión para la reorganización de la oposición y el surgimiento de nuevas fuerzas políticas.
La fundación del PRD en 1989 y su victoria electoral en la Ciudad de México en 1997 fueron parte de un proceso que contribuyó a modificar el equilibrio político nacional.
Con el paso de los años, Cárdenas mantuvo diferencias con dirigentes y partidos surgidos de ese movimiento. Sin embargo, su influencia continuó siendo reconocida incluso por quienes tomaron caminos políticos distintos.
La reunión de antiguos aliados y adversarios en el Panteón Francés dejó una imagen poco frecuente en la vida pública mexicana: representantes de distintas generaciones y corrientes políticas coincidiendo alrededor de una figura cuya trayectoria estuvo marcada precisamente por la confrontación democrática.
El funeral no eliminó las diferencias históricas entre quienes acudieron, pero permitió reconocer que la transformación política del país fue resultado de procesos en los que Cárdenas desempeñó un papel fundamental.
Cuauhtémoc Cárdenas nunca llegó a ocupar la Presidencia de la República, pero contribuyó a cambiar las condiciones bajo las cuales los mexicanos podían elegir a sus gobernantes. Esa influencia, más allá de los cargos que desempeñó, explica por qué su despedida reunió a protagonistas de distintas etapas de la historia nacional.
Su muerte, a los 92 años, cierra una trayectoria que atravesó el predominio del partido hegemónico, el surgimiento de una oposición competitiva y la alternancia presidencial. Su legado permanece asociado a una idea que marcó buena parte de su vida pública: la posibilidad de transformar el poder mediante la participación ciudadana y la lucha democrática.
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