Hallazgo de restos humanos en Buenavista abre interrogantes sobre los entierros prehispánicos y la transición colonial

Alberto Moreno

Ciudad de México-. Las obras del Tren de Pasajeros México-Querétaro dejaron al descubierto parte de la historia funeraria de la antigua Ciudad de México, luego de que especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) localizaran un depósito de restos humanos que podría corresponder a un osario prehispánico o de la época de transición hacia el dominio español, en las inmediaciones de la terminal ferroviaria de Buenavista.

El descubrimiento, realizado durante trabajos de excavación para la construcción de la infraestructura ferroviaria, plantea nuevas interrogantes sobre las prácticas con las que las antiguas comunidades del Valle de México disponían de sus muertos, particularmente en una etapa marcada por profundos cambios sociales, culturales y religiosos tras la llegada de los españoles.

Los primeros restos fueron encontrados el pasado 17 de septiembre, durante las labores de terraplén para el tendido de las vías. Sin embargo, al profundizar las excavaciones hasta 1.40 metros, los arqueólogos localizaron un conjunto de huesos que no correspondían a esqueletos completos, sino a un depósito funerario con piezas de diferentes individuos.

De acuerdo con el INAH, hasta ahora se han contabilizado nueve cráneos, cinco mandíbulas y diversos huesos humanos, entre ellos fragmentos de caderas, fémures, costillas, dientes, tibias y radios. Dos de los cráneos presentan modificaciones cuya naturaleza todavía deberá determinarse mediante estudios especializados.

La disposición de los restos es uno de los elementos que lleva a los investigadores a considerar que podría tratarse de un osario, es decir, un espacio donde se concentraban huesos de personas que originalmente habían sido enterradas en otro sitio y que posteriormente fueron trasladados para su conservación o depósito.

Uno de los aspectos más relevantes del descubrimiento es que los restos aparecieron en un territorio que antiguamente formó parte del calpulli de Nonoalco, uno de los 19 barrios prehispánicos del islote de Tlatelolco.

Además, el depósito se encuentra cerca de la iglesia de San Miguel Nonoalco, construida en el siglo XVI y utilizada como capilla de visita por los frailes franciscanos del Convento de Santiago Tlatelolco.

Esta ubicación permite plantear una posible relación entre las prácticas funerarias de las comunidades indígenas y las transformaciones religiosas que comenzaron con la colonización española. No obstante, los especialistas todavía deben establecer si los restos y los objetos encontrados pertenecen a una misma época.

Entre las piezas recuperadas destacan platos, ollas y salineras de tradición Azteca III, correspondientes al periodo de 1350 a 1520 d.C. Estas últimas eran utilizadas para la extracción de sal en el antiguo lago de Texcoco.

También fueron encontrados siete malacates miniatura, dos figurillas, fragmentos de manos de metate y morteros, así como navajillas de obsidiana verde, posiblemente procedentes de la Sierra de las Navajas, en Hidalgo.

Los materiales fueron trasladados a laboratorios especializados del proyecto, ubicados en Tula de Allende y Tepeji del Río de Ocampo, donde serán sometidos a procesos de limpieza, restauración y análisis.

Los estudios permitirán conocer la antigüedad de los restos, determinar la edad y el sexo de los individuos, identificar las modificaciones craneales y establecer qué relación existe entre los vestigios humanos y los objetos arqueológicos.

El hallazgo representa una nueva oportunidad para reconstruir la historia de los antiguos habitantes de Nonoalco y Tlatelolco, pues mientras avanza la construcción de una nueva conexión ferroviaria entre la capital y Querétaro, bajo el suelo de Buenavista permanecían evidencias de las comunidades que habitaron ese territorio hace aproximadamente cinco siglos.



Categorías:Nacional

Deja una respuesta