Por Martín Aguilar
La entrada de Uber al país fue polémica desde que los taxistas comenzaron a protestar contra ella, y otras aplicaciones del tipo, porque venían a hacerles competencia y terminar con la hegemonía del gremio.
Hubo marchas y violencia pero finalmente el Gobierno de la Ciudad de México decidió regular y cargar un impuesto de 1.5% a los viajes de las aplicaciones de transporte privado para invertir en infraestructura para el peatón y la movilidad.
Uber apenas lleva ocho años operando en México, sin embargo, ya se ha convertido en el tercer mercado más importante para la empresa. En 2014, Uber en México apenas alcanzaba 120.000 usuarios y ahora está sólo por debajo de la demanda de Estados Unidos y China.
En México, como en todas y cada una de las ciudades donde ha aterrizado Uber, la situación no ha sido sencilla y ha venido a derribar leyes proteccionistas y cambiar las relaciones entre empresa y usuarios para siempre.
Uber funciona de una manera “sencilla”, combinando principios básicos de la oferta y la demanda con la tecnología. En teoría es una idea fantástica en la que todos ganan, pero en la práctica hay una serie de factores que hace todo mucho más complicado.
A principios de 2016, Uber dejó ver el otro lado de la empresa que es dejando actuar a la ley de la oferta y la demanda durante la Contingencia Ambiental, la tarifa dinámica comenzó a actuar en un mercado con mucha demanda y poca oferta, originada por las restricciones para vehículos durante la crisis ambiental, encareciendo los viajes hasta diez veces su precio regular.
El Gobierno intervino, pero fue el primer disgusto de los usuarios. El acto fue llamado por la prensa como “una lección de capitalismo” para los mexicanos, acostumbrados a las subvenciones gubernamentales de productos y servicios que buscan pagar poco por “un servicio de primera.
El siguiente frente contra Uber fueron sus socios y conductores quienes se han unido para intentar tener una voz que elimine el servicio Uberpool que resulta complicado para los chóferes, molesto para los pasajeros y poco prolífico para los socios, no obstante, los directivos de Uber lo defienden a capa y espada argumentando que reducirá el tráfico de las ciudades y las emisiones contaminantes.
Sin olvidar los reclamos acerca de la seguridad que ha tenido la empresa cada vez son más frecuentes, por lo que ha tomado diversas precauciones, como el que los choferes estén bien identificados, que no cuenten con antecedentes penales, además que no sean alcohólicos y que traten bien al pasajero, de lo contrario sería remitido a las autoridades correspondientes.
Con todo, los números de Uber van para arriba: en el 2018 la empresa llegó a 1,800.000 de usuarios en México y a los 49.000 conductores, el 40% de los cuales estaba desempleado antes de inscribirse y las cifras mundiales están acorde, en marzo pasado Uber anunció que llegaron a los 2.000 millones de viajes.
Uber ha dicho que su éxito se debe a que hay empoderar a la gente, porque si se puede, pero también México posee la combinación ganadora de la inseguridad, los problemas de tráfico y movilidad y la alta economía informal que hacen de servicios como Uber una alternativa necesaria.
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